Hoy es conocido como el pianista de la mano izquierda.
No por elección, sino por renacimiento.
Una identidad construida desde la pérdida, pero también desde la determinación de no desaparecer, de no dejar que el silencio ocupe el lugar de la música.
Toca con una sola mano, pero suena con todas sus fuerzas. Y cada concierto transmite un mensaje poderoso:
la vida no siempre permite escoger, pero sí permite decidir cómo seguir.
Decidir levantarse, decidir continuar, decidir transformar lo que duele en algo que todavía puede emocionar.
Su música no busca lástima; busca esperanza.
No pretende explicar lo vivido, sino compartir lo aprendido.
Desea que quien lo escuche sienta que también puede. Que no importa la adversidad, la pérdida, la minusvalía o el miedo: siempre queda una forma de seguir creando belleza.
Aunque el camino cambie, aunque el esfuerzo sea mayor, aunque nada vuelva a ser igual.
Porque lo que se ama, si se ama de verdad, nunca desaparece.
Permanece, se transforma, se adapta y encuentra nuevas maneras de existir.
Y él sigue aquí, compartiendo su historia… una tecla a la vez.